Raíces de leche
Querida mamá.
No sé escribir, ni hablar, ni entender el mundo como tú lo haces. Pero desde que llegué, he sentido algo que no necesita palabras: tú.
Cuando me abrazas, todo lo que me asusta desaparece. Tu pecho es mi refugio, tu voz es mi melodía favorita, y tus manos son las alas que me enseñan a confiar. No entiendo el tiempo, pero sé que cada segundo contigo es seguro, cálido y lleno de amor.
Gracias por tu paciencia cuando lloro sin razón. Por tus desvelos, por tus caricias, por tu mirada que me dice que soy importante. Aunque no pueda decirlo aún, te amo con todo lo que soy.
Cada vez que me alimentas, no solo me das leche. Me das consuelo, me das vida, me das a ti. Y eso, mamá, es el regalo más grande que existe.
Prometo crecer con tu amor como raíz. Y aunque un día camine lejos de ti, siempre llevaré tu ternura en mi corazón.
Con todo mi amor,
Noa





















